Por Valentina Cuevas
Fotografías redes sociales
Ciudad de México — 2 de septiembre de 2026
En la entrega anterior analizamos cómo las grandes plataformas digitales descubrieron que la indignación y el enfrentamiento son el modelo de negocio más rentable del mundo contemporáneo. Sin embargo, ese negocio no funcionaría si no tuviera una puerta de entrada directa a nuestra biología. Para entender por qué pasamos horas frente a una pantalla discutiendo, consumiendo videos breves o revisando notificaciones que no aportan nada a nuestra vida, debemos mirar más allá de la pantalla: debemos mirar lo que ocurre dentro de nuestro propio sistema nervioso.
La batalla actual por el poder ya no se libra únicamente por el control de territorios o recursos naturales; se disputa en el cerebro de cada persona. Mantener a una sociedad dispersa, cansada y sobreestimulada es la manera más eficaz de neutralizar su capacidad de pensar a fondo, cuestionar la realidad y organizarse.
«Una sociedad con la mente agotada y la atención fragmentada no tiene tiempo ni energía para cuestionar al poder; sobrevive atrapada en la urgencia del siguiente estímulo.»
— Valentina Cuevas
La trampa de la dopamina: Cómo nos enganchan
No es falta de fuerza de voluntad ni una debilidad personal: las aplicaciones que llevamos en el bolsillo están diseñadas por equipos de especialistas en conducta humana para funcionar exactamente como una máquina tragamonedas de casino.
Cada vez que deslizamos el dedo hacia abajo en la pantalla (scroll infinito) o vemos un círculo rojo de notificación, nuestro cerebro libera dopamina. Esta sustancia química no produce felicidad duradera, sino una expectativa constante de recompensa: la promesa de que la próxima publicación, el próximo video o el próximo mensaje será emocionante. Cuando esa recompensa llega solo de vez en cuando y de forma impredecible, el sistema de alerta se queda encendido. El usuario queda atrapado en un ciclo mecánico de búsqueda que drena su energía mental sin dejarle nada a cambio.
«Las notificaciones del teléfono no están diseñadas para mantenernos informados, sino para interrumpir nuestros pensamientos y recordarnos que nuestra atención le pertenece a una empresa.»
— Valentina Cuevas

La fatiga mental como anestesia social
El costo biológico de este bombardeo constante es devastador para el juicio crítico:
La pérdida del enfoque profundo: Saltar de un video de diez segundos a una noticia alarmista y de ahí a un mensaje de texto destruye la capacidad de concentración sostenida. Sin enfoque prolongado, se vuelve casi imposible leer un libro entero, estudiar un problema comunitario o entender por qué suben los precios de la canasta básica. Todo se reduce a explicaciones simples y consignas fáciles.
El agotamiento crónico: La sobreestimulación permanente mantiene al cuerpo en un estado de estrés silencioso. La persona trabajadora llega a su casa exhausta, no solo por la jornada laboral o las horas en el transporte, sino por el asedio cognitivo de las pantallas. En ese estado de fatiga, el pensamiento crítico se apaga y el desahogo reactivo sustituye a la reflexión.
La desconexión del entorno real: Mientras más tiempo absorbe la vida digital, menos espacio queda para el cuerpo, el deporte, el descanso reparador y la convivencia directa con la familia y los vecinos. Nos volvemos espectadores pasivos de nuestra propia realidad.
Recuperar el mando de nuestra propia cabeza
Defender la soberanía de una comunidad empieza por defender la soberanía de nuestra propia mente. No se trata de caer en una postura ingenua de rechazo absoluto a la tecnología, sino de dejar de ser usuarios dóciles de un diseño que nos debilita.
Recuperar el juicio crítico requiere acciones concretas: silenciar notificaciones innecesarias, establecer horarios libres de pantallas, recuperar el hábito de la lectura profunda y devolverle al cuerpo su lugar mediante el movimiento físico y el deporte. Una ciudadanía dueña de su atención es una ciudadanía capaz de mirar a su alrededor, identificar los problemas reales que comparte con sus semejantes y construir soluciones colectivas frente a quienes prefieren vernos dispersos y callados.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
#upr#Valentina Cuevas

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