Mariana / Leticia Pérez López

Escritora y cuentista colaboradora de UP.

Estaba sola en el baño. Ese dolor frío adormecía sus piernas. Después la humedad tibia se regó por su ropa interior, y vio lo que no entendía.

Una mancha de lo que nunca había visto antes. ¿Qué le pasaba? Ese dolor frío regresó, y se hizo intenso. Por momentos respirar era difícil y dolía. Un dolor que apretaba.

Mariana intentaba entender, si acaso esto era el estómago, pero acostumbrada a ver que su mamá siempre repasaba lo que habían comido cuando se enfermaban, ella pensó y pensó, y nada de lo que había comido podía causarle esto. Además, la mancha no apestaba, así que eso no era. Quizá enfermó de riñón, pero eso tampoco parecía pipí.

El dolor regresó y empezó a sudar, porque en verdad era intenso, como vidrios que caen encima, como patear una pelota, como romper una maceta al hacerla caer varios metros. Si respiración se acortó. Llamar a su mamá tampoco era fácil así.

Luego un espacio de paz, un espacio sin nada, devolvió a Mariana la respiración, los colores, la tranquilidad a medias.

Abriendo un poco la puerta del baño, Mariana llamó a su mamá. Tímida. Deteniendo con su cuerpo la posibilidad de que se abriera más. No era fácil explicar. La mancha, las horas encerrada, las dudas y el dolor. Pronto los sollozos no entendidos estaban en sus palabras, y no había más que ropa limpia, toallas sanitarias, y advertencias a posibles comportamientos inapropiados.

Mariana se cambió la ropa en un baño de misterio y lágrimas

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