53 años sin el Che. T1. E10.

Los 680 días, una hora con 30 minutos y 59 segundos del Che en México

El adiós del Che a su México lindo y querido

Por: Raúl Jiménez Lescas

El aire de libertad es en realidad,

el aire del clandestinaje,

pero no importa,

da un matiz de película de misterio muy interesante.

Che Guevara

El Che volvió la vista atrás como recomendó el poeta Machado y vio la senda que nunca volvería a pisar. De reojo miró la playa de Tuxpan, Veracruz y se trepó, con otros 81 hombres, a la cáscara de nuez de Fidel que flotaría por las enfadadas aguas del Golfo de México. Era la madrugada del 24 para amanecer el 25 de noviembre del 56. Ernesto Guevara había llegado 679 días antes a México, por la frontera sur, la de Chiapas y Guatemala. El día 680 de su diario dejaría tierra firma jarocha, para navegar por aguas mexicanas del Golfo con destino a la isla caribeña de Cuba. Bordeando el río y luego la boca del puerto y con bandera mexicana, los hombres van apilados casi uno sobre otro, arracimados como uvas, mientras Collado mantenía firme el timón, asistido por Pichirilo y Chaumont.

Al temible policía Fernando Gutiérrez Barrios, el Che le había prometido irse de México en 10 días, cumplió, aunque con un poco de retraso, mientras se escondía en un “cuarto de azotea” de la colonia Narvarte de la ciudad de México, esperando la señal de Fidel Castro de zarpar en la expedición cubana del M26.

La temporada de huracanes en el Océano Atlántico y Golfo de México se había extendido hasta noviembre; el mar estaba muy bravo. El yate llamado Granma no estaba diseñado para semejante Azaña y, menos para cargar a 82 hombres, armas, víveres y Diesel, además de los medicamentos que llevaba el “comandante médico” de la expedición: un tal Che Guevara. Tiempo después Fidel recordó que el yate se estaba hundiendo por el peso y, que parecía “una cáscara de nuez bailando en el Golfo de México”.

La historia del yate Granma ha sido ya contada en detalle por el cuate, Antonio del Conde Pontones, empresario mexico-estadunidense que adquirió la embarcación para la expedición de los revolucionarios cubanos. Era su propiedad, adquirida a la familia Erikson (que vivían en la ciudad de México). El nombre de Granma viene de la palabra inglesa Granmother (abuela) y fue adquirido el cuate por varios miles de dólares.

El Che llegó a la playa y al ver el Granma, se cuenta en los cafés de la Habana, no quería subirse; calculaba, quizá, que esa cáscara de nuez se hundiría. Cuentan los que han oído la anécdota, contada por el círculo cercano de los Castro, que el Che se subió a esa cascarita en el Golfo, porque Fidel Castro le dijo que tenía un barco más adelante para navegar hasta Cuba… El Granma sólo sería el pequeño yate para llegar a un barco de mayor envergadura. Así que el Che se trepó, sin inhalador contra el asma, y se embarcó a su sueño libertario. Sí Fidel le dijo eso al Che, ya no importa, es una buena anécdota para escucharla y reír con un buen mojito cubano, un puro y música de Compay Segundo: Al cuarto de Tula, le cogió candela. Se quedó dormida y no apagó la vela…

¿Candela libertaria?

No lo creo. A su madre, el Che le escribió y, le escribió muy convencido:

Te escribo desde un punto cualquiera de México donde estoy esperando se solucionen las cosas [su detención]. El aire de libertad es en realidad, el aire del clandestinaje, pero no importa, da un matiz de película de misterio muy interesante.

Así que parafraseando a Compay Segundo podemos decir:

En la playa de Tuxpan se ha armado la corredera

En la playa de Tuxpan se ha armado la corredera

Allá fueron los guerrilleros del M26 con sus campanas, sus sirenas

Allí fueron los guerrilleros del M26 con Fidel y el Che

¡Ay, mamá! ¿Qué pasó? ¡Ay, mamá! ¿Qué pasó?

Al cuarto de Batista le cogió candela, se quedó dormido y no apagó la vela.

Al cuarto de Batista le cogió candela, se quedó dormido y no apagó la vela.

¿Se acordó el Che al despedirse de México que había estado 680 días, comiendo tacos, se había casado en el pueblito de Tepozotlán, tenía una hija mexicana llamada Hildita querida, trepó dos veces al volcán Popocatépetl, experimentador de alergias, redactor de textos científicos, asignado catedrático de la UNAM y estudiante de ruso, trabajador del Sector Salud, alumno oyente de don Jesús Silva Herzog, trotamundos, fotógrafo en Chapultepec, explorador de las zonas mayas, conspirador con los exiliados cubanos, que había conocido a Fidel y Raúl Castro Ruz, que soñaba con irse a la China pero llegó a Cuba y, además exiliado con visa vencida? Y, también el único preso político que el temible Fernando Gutiérrez Barrios de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) dejó ir por presión política.

Eso ya no importaba. El Che se trepó al Granma y no volvió nunca más a México. Se fue, pero, la verdad es que se quedó para siempre.

El 21 de noviembre del 56, Fidel Castro tomó la decisión de acelerar la movilización al puertito de Santiago de la Peña, Tuxpan, Veracruz. No había tiempo que perder. El Che dejó su refugio del cuarto de azotea de los Bauer en la colonia Narvarte de la ciudad de México y se trepó a un autobús hasta Veracruz y, de ahí a Tuxpan, más al norte hacia Tamaulipas. El recuerdo del Che es elocuente de aquellos días:

La orden de partida nos llegó de golpe, y todos tuvimos que salir de México tal como estábamos, en grupos de a dos o tres. Teníamos un traidor entre nosotros, y Fidel había ordenado que no bien llegara la orden había que salir con lo que se tuviera a mano, para evitar que el traidor diera aviso a la policía (Taibo. 1996).

Cuenta Paco Ignacio: “El Che deja la cama deshecha, el mate tirado y los libros abiertos. Días más tarde, cuando sus amigos se inquietan y abren el cuarto violentando el candado, descubren los restos de sus lecturas, finales en México: ‘El Estado y la Revolución’ de Lenin; ‘El Capital’ de Marx; la obra de Germán Arciniegas [periodista colombiano]; un manual de cirugía de campaña, y ¿Cómo opera el capital yanki en Centroamérica’ [de Alfonso Bauer Paiz]?”.

El 24 de noviembre, era un sabadito lluvioso y, el 25 día dominguero, quizá para que nadie se diera cuanta que los expedicionarios del Granma zarparían a navegar por un océano de incertidumbre, a través de islas de certezas, como diría Edgar Morin. Los hombres llegaron, unos de la capital de la República Mexicana, otros de Ciudad Victoria, Veracruz, Xalapa y del rancho de Abasolo, donde se practicaron los últimos entrenamientos con Fidel. El grupo al mando de Héctor Aldama, atrincherado en Poza Rica, no recibió la orden de movilización, otros más se quedaron con las ganas de embarcarse: los “gordos” tampoco cabían por su peso; Pedro Miret; el amigo del Che, el Patojo; el Cuate (Antonio del Conde Pontones); Venegas que lloró amargamente y el Bayo, demasiado joven para morir, demasiado viajo para la expedición. Ese día la navegación estaba prohibida a causa del mal tiempo en el Golfo. La lluvia no cesaba, ni los vientos.

Muchos años después, el cuate narró el impacto que le causó la orden de Fidel de que se quedara en México, donde sería más útil que treparse al yate que había adquirido:

Fue tal el impacto que recibí que perdí el habla, no sé cómo salí de la habitación y pude llegar al automóvil, por supuesto que el silencio era absoluto nadie hablaba, ni habló y solo hasta que me senté dentro del coche me di cuenta de lo que esa orden significaba para mí. ¿Qué iba a hacer después que el Granma se fuera? Con seguridad la policía me iba a caer encima sin remedio (Del Conde. 2002).

Contó Taibo:

“Cubierto con una larga capa, Fidel supervisa durante las primeras horas las operaciones de carga. A las 1:30 de la madrugada del 24 al 25 [de noviembre] los dos motores del Granma se ponen en movimiento. El barco abandona el improvisado espigón con las luces apagadas […] Sánchez Amaya, uno de los expedicionarios, recuerda: ‘En aquel pedazo de tabla no se podía dar un paso’.”.

La última noche mexicana del Che.

Después de 679 noches y días en México, el Che pasaría su última noche, la 680 bajo la persistente lluvia y el viento que no dejaba de soplar. Era el médico de la expedición. Olvidó el mate y el inhalador contra el asma; olvidó los libros de Lenin y Marx, pero no los “maroles” (antihistamínicos) para los 82 expedicionarios que, seguramente, se marearían en el pedazo de madera.

La comitiva los despidió con el clásico saludo mexicano de decir Adiós, con llanto en los ojos que se confundieron con la lluvia. ¿Cuáles eran las lágrimas de despedida y cuáles las gotas del cielo?

Me gusta el relato de Paco Ignacio Taibo II:

“… el Granma va bailando sobre las olas, sometido a las inclemencias del norte que azota el Golfo, y México se queda atrás, en una memoria que en el paso del tiempo, para el protagonista central de esta historia y compañeros resultará benévola, en la que se recordarán las ayudas, sonrisas, y no las mordidas y los policías que torturaban; las largas caminatas por [la avenida] Insurgentes y los tacos [frente al Hospital General], y no el frío y la soledad. Quedará en la memoria la solidaridad de Cárdenas y la belleza de las pirámides mayas, incluso el recuerdo de la vieja María [a la que el Che asistió ante su agonía] y no los patios de altas paredes de la cárcel de Miguel Schultz [donde el Che estuvo preso muchos días].”.

Atrás quedará el México del mar y no del río Suchiate. Donde se casó y se estrenó como padre de familia. El lugar donde conoció a los hermanos Castro y, donde afinó la puntería para una utopía posible…

Sí hubo comitiva de despedida, sin mariachis, claro está: Melba Hernández, Piedad y Antonio, el Cuate miraron con ojos llorosos como el Granma se fue llenando poco a poco.

Tiempo después, Faustino Pérez recordó: “El silencio de la media noche sólo era violado por el mortificante y persistente ladrido de los perros alarmados de la vecindad” (Taibo. 1996).

Después de 680 días y una hora con 30 minutos y 59 segundos el Che le dijo adiós a su México lindo y querido, que después de todo, no lo trató tan mal.

Fuentes:

Aleida March. Evocación. Mi vida al lado del Che. Cuba. Fondo Editorial Casa de las Américas. 2007.

Antonio Machado. Cantares. Poema. Poetas andaluces.

Antonio del Conde Pontones. Memorias del dueño del yate Granma. México. Porrúa. 2002.

Compay Segundo. El cuarto de Tula. Buena Vista Social Club. Cuba.

Carlos Puebla. Hasta siempre, comandante (guajira). Cuba. 1965 (hay al menos 200 versiones de la guajira).

Cronología. En: Nahuel Moreno. Che Guevara. Héroe y mártir de la revolución. México. Uníos. 1997 (Colecc. Personajes del Socialismo).

Ernesto Guevara de la Serna. Investigaciones cutáneas con antígenos alimentarios semidigeridos. Alergia. 1955;2(4):157-167.

___, Mensaje a la Tricontinental. Crear dos, tres… muchos Viet-Nam, es la consigna. Cuadernos de Ruedo ibérico. París, abril-mayo 1967, número 12

pp. 94-101.

___, Notas de viaje. Tomado de su archivo personal. La Habana: Sodepaz, D.L. 1992. Citado por: Blanca Rosa Garcés, Lian Roque y Ana María Molina Gómez. Universidad de Ciencias Médicas, Cienfuegos, Cuba.

Hilda, Gadea. Mi vida con el Che. Txalaparta. 2017.

___, Che Guevara. Años decisivos. México. Aguilar. 1978.

Jon Lee Anderson. Che Guevara, una vida revolucionaria. Barcelona. Anagrama. 2010 (Colecc. Compactos).

José Natividad Rosales. ¿Qué hizo el Che en México? Famosos documentos desconocidos a 5 años de su muerte. México. Editorial Posada. 1973.

Jorge Denti. La huella del Dr. Ernesto Guevara. Documental (124 mins). TVAL/Imcine. 2012.

Lucila Velásquez. Memoria de mis días con Ruiz Pineda y Betancourt, el Che y Fidel. Caracas. Grijalbo. 2008 (Prólogo: Juan Carlos Zapata)

Paco Ignacio Taibo II. Ernesto Guevara, también conocido como el Che. México. Planeta. 1996. Capítulo 7. Estaciones de paso.

Pierre Kalfon. Che: una leyenda del Siglo XX. Buenos Aires. Edhasa. 2010.

Electrónicas

Adrián Albiac. La CIA contra Guatemala: cuando Ernesto se convirtió en el Che Guevara. Orden Mundial. En: https://elordenmundial.com/la-cia-contra-guatemala/

Cecilia Ballesteros. La familia mexicana del Che nunca creyó en el mito. Los años de formación de Ernesto Guevara en México: de la bohemia al compromiso. El País. 8 de octubre de 2017. En: https://elpais.com/internacional/2017/10/09/actualidad/1507500623_205862.html

Falleció la poeta venezolana Lucila Velásquez. Noticias. Letralia. Tierra de letras. Año XIV. 5 de octubre de 2009. En: https://letralia.com/219/0928velasquez.htm

Lucila Velásquez. Preguntas antártidas. Ailatin. Poesía. Un poema de Lucila Velásquez. 12 de junio de 2017. En: https://lailatan.wordpress.com/2017/06/12/un-poema-de-lucila-velasquez/Ricardo Soca. Guatemala. La palabra del día. Etimología. Origen de las palabras. En: https://www.elcastellano.org/envios/2020-10-09-000000

Víctor Pérez-Galdós Ortiz. Cronología de la vida de Ernesto Che Guevara en Cuba

(1962 a 1997). Radio Rebelde. Plaza de la Revolución. Ciudad Habana. Cuba. En: http://www.radiorebelde.cu/che/cronologia/che_cronologia_4.htm

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