Earle, vida, humor y pueblo

(Diciembre 21, 2021)

Por: JULIO ESCALONA

Se despidió nuestro hermano Earle Herrera. Nos encontramos por última vez en la penúltima reunión del Consejo Político del Psuv, del que somos miembros. Cuando me paré, como Earle sabía que mi salud no está en su mejor momento, se puso de pie, me tomo del brazo y me acompañó. Aun siento su calor humilde y solidario. Me conmovió y siento su afecto, su sensibilidad amorosa, consecuente, revoltosa y revolucionaria. No supuse que nos estábamos despidiendo en esta vida.
Cuando Telesur detuvo la transmisión sobre las elecciones de Chile y la designación como nuevo presidente de Gabriel Boric, no imaginaba que lo que venía era el anuncio de la desaparición física de nuestro hermano-compañero Earle Herrera. Inmediatamente brotaron lágrimas que recorrieron mis mejillas.
No voy a decir que lloré como un niño. No, como un viejo de ochenta y pico de años, que sabe de la vida, de la muerte, del dolor, del goce. Esa respetada señora, no sé si gentilmente, parece que anduvo cerca de mis pasos muchas veces. Ya es difícil interpretar la vida. Con la muerte es mejor no meterse. Sin duda sabe bien lo que hace y no se anticipará a Dios, creador del cielo, de la tierra y también, por supuesto, de la muerte.
Estoy tratando de hacer lo que me quede pendiente. Terminé otro libro. Como no puedo viajar mucho estoy circunscrito a Caracas. Quiero decir bajo juramento que no odio a nadie, que he perdonado. Cuando me toque irme lo haré sin rabias, sin odios ni resentimientos que generalmente no he tenido.
Lo que más me importa son mis hijas, Cristina, Isabella, Nara Daniella, mi compañera Faviola y mis hermanos Escalona, Franklin y Elsa, que viven. También mis compañeros de lucha, como mi cuñado Néstor, a quienes, de muchas maneras, les debo mi seguridad, incluso mi vida.
Quisiera tomarme un trago, brindar con Earle. Tengo algunos libros que él me regaló. Pertenecen para mí a lo sagrado. No podré estar ni en su velorio ni en su entierro. Lo lamento, quería y quiero regalarle unas flores de la esperanza, de los sueños compartidos, como una reunión de estrellas que siempre estén iluminando los cielos por donde transcurra su nueva vida. Espero puedas estar con Asalia.
Hasta cuando nos volvamos a encontrar ¡Dios te bendiga! ¡Que las musas celestiales te acompañen! ¡Mi plena solidaridad con familiares y amigos!

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