Juan de Tassis y Peralta


Luis Navarro García


Madrid, España, 29 de diciembre del 2021

Imagen de portada zendalibros.com

Juan de Tassis y Peralta, poeta español del barroco, hijo de María de Peralta Muñatones (descendiente de los marqueses de Falces) y de Juan de Tassis y Acuña (I conde de Villamediana y Correo Mayor del reino(*))

Nació en Lisboa debido a que su padre, formaba parte del séquito del rey Felipe II cuando este entró en Portugal.

Se dice de su padre que tenía la cara cubierta de cicatrices habidas en al menos cinco duelos de honor, de todos los cuales había salido victorioso.

Su obra lírica ofrece una equilibrada síntesis entre los dos estilos dominantes de su época: el de Luis de Góngora y el de Francisco de Quevedo.

Vivió en el ambiente palatino desde su infancia, recibiendo una excelente educación de los humanistas Luis Tribaldos de Toledo y Bartolomé Jiménez Patón.

Frecuentó las tertulias literarias madrileñas y conoció y trató a Lope de Vega, y a Luis de Góngora, entre otros.

Allá por 1599 ya era conocido por sus sonetos, algunos de ellos ya habían aparecido impresos, y es precisamente en 1599 cuando con apenas 18 años es invitado a la boda de Felipe III en el Reino de Valencia para celebrar el matrimonio del monarca con Margarita de Austria, pues tuvo que sustituir a su padre en la comitiva, al estar este de embajador en París.

En palacio conoció a Magdalena de Guzmán y Mendoza, hija de Lope de Guzmán y Guzmán de Aragón y Leonor de Luján, mujer de gran influencia en la Corte como viuda de Martín Cortés y Zúñiga, II marqués del Valle de Oaxaca, de quien fue su segunda esposa.

Trasladada la Corte a Valladolid, donde permaneció cinco años, contrajo matrimonio en 1602 con Ana de Mendoza y de la Cerda, hija de García Hurtado de Mendoza, IV marqués de Cañete, descendiente del famoso escritor y aristócrata Marqués de Santillana y de su segunda esposa, Ana Florencia de la Cerda. Llevó una vida galante y llena de aventuras.

Su extensa obra literaria está basada en fábulas mitológicas narrativas, sátiras políticas y sonetos.

Sus excesos le valieron tres destierros por parte de Felipe III «el piadoso», aparte de por haber arruinado a varios caballeros importantes, también por sus ya citadas fortísimas sátiras, en las que mostraba de una manera mordaz y despiadada algunas de las miserias de casi todos los Grandes de España. Conocía bien sus defectos y flaquezas, sabía dónde atacarlos y cómo hacerles daño.

El primero de sus destierros, de fecha bastante insegura (julio de 1605 a septiembre de 1607, o más probablemente de enero de 1608 a julio de 1611), le llevó según Juan Manuel Rozas a Francia y Flandes. El segundo (1611-1615) lo condujo a Italia, donde estuvo entre 1611 y 1615 con el conde de Lemos, nombrado virrey de Nápoles.

Había atacado en varias sátiras la corrupción alcanzada bajo el valimiento del Duque de Lerma y Rodrigo Calderón durante el reinado de Felipe III y estos lograron del rey que le desterrara otra vez de la Corte, aunque esta vez a Andalucía.
En este periodo de destierro ocurrió el apresamiento y ejecución en la horca de Rodrigo Calderón, mano derecha del duque de Lerma.

Ingenioso cortesano y poeta de vida algo más que accidentada. Su rey, el primero de los dos que le tocó padecer, Felipe III, le tenía ojeriza por su descarado coqueteo hacia su mujer, la archiduquesa Margarita de Austria-Estiria, hija del archiduque Carlos II de Estiria y de María Ana de Baviera.

Peregrino del amor o asalta camas, sin correspondencia entregada. Era ciertamente un más que fornido galán, aunque no tuvo fortuna con las mujeres, más allá de lo numérico.

Se dice, se comenta que habría llegado a ser amante de Doña Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV.

Un día Villamediana habría aparecido en la corte luciendo sobre su vestido un lema que decía «Son mis amores reales», que todos interpretaron como una referencia a la soberana.

A escasos días vista de cumplir los 40 años, un 21 de agosto de 1622 era asesinado en pleno centro de Madrid, muy próximo a la Plaza Mayor.
Yendo en un coche de caballos con el conde de Haro por la calle Mayor de Madrid.
Los autores del crimen nunca fueron hallados.

No hay que mirar la mano que mata si no la mano que la dirige.
El autor intelectual de la muerte canalla de este mujeriego irreverente no pudo ser otro que el Conde-duque de Olivares (enemigo acérrimo, un ladrón que dejó a la Corte al borde de la quiebra mientras él hacía una gigantesca fortuna) el más que probable mecenas del sicario o sicarios, que bien pudieron estar amparados por la más alta magistratura del estado, y estamos hablando de S.M. el rey Felipe IV, quién ofendido por los excesos del funambulista que era Villamediana y sus coqueteos con la reina, decidiera poner fin a la vida de este.

Los autores del crimen nunca fueron hallados.

A sus 40 años, instantes antes de morir atravesado por el costado con una espada, se hallaba en la cumbre de su fama y despertaba expectación allí donde iba.
Sus trajes suntuosos y su gusto por el derroche eran su tarjeta de visita.

Villamediana fue un verso suelto culto y solitario, rupturista, un adelantado en medio de la hipocresía rampante de la época.

Luis de Góngora dijo de él que el barroco europeo había quedado huérfano de su mejor apuesta literaria; no le faltaba razón.


Su obra, fue recogida póstumamente en una edición realizada en Zaragoza en 1629. Muy notables sus más de doscientos sonetos:

Mientras que la Monarquía
Se desmorona, y el borde Toca de una sima horrenda
Duermen en pueriles goces,
Entre placeres se aturden
Deleites solo conocen,
Sin cuidarse del peligro
El Rey de España y sus nobles.

La literatura del Siglo de Oro con Cervantes al frente y Lope de Vega, el rey de los pillos, Quevedo, y otras señaladas plumas – se ocuparían de que su memoria no muriera jamás.

(*) Condado de Villamediana, título nobiliario español concedido el 12 de octubre de 1603 por el rey Felipe III a favor de Juan de Tassis y Acuña, correo mayor del Reino, embajador en Inglaterra y caballero de la Orden de Santiago.
Su nombre hace referencia al municipio de Villamediana (Palencia), el cual fue adquirido en 1600 por Juan de Tassis y Acuña.

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