BernardoMendezLugo
Fotografía Facebook
Ciudad de México 29 de octubre del 2026
Los cambios políticos recientes en Serbia, Hungría y Albania demuestran que las juventudes pueden alterar equilibrios de poder que parecían fijos. Estos casos ofrecen lecciones concretas para México y América Latina sobre las posibilidades y los límites de desplazar a los partidos tradicionales.
En Serbia, la Lista Estudiantil obtuvo el 25 de octubre de 2026 entre el 52,7 % y el 53 % de los votos y una mayoría absoluta en el Parlamento. La coalición de Aleksandar Vučić quedó en segundo lugar con cerca del 39 %.
El movimiento nació tras el derrumbe de la marquesina de la estación de Novi Sad en 2024, que causó 16 muertos. Durante casi dos años sostuvo protestas horizontales y construyó una lista de profesionales —profesores, médicos, académicos— sin líderes carismáticos tradicionales. La alta participación, cercana al 69 %, y el control ciudadano de las mesas electorales fueron decisivos.
En Hungría, Péter Magyar y el partido Tisza derrotaron en abril de 2026 a Viktor Orbán tras dieciséis años de gobierno. Seis meses después, el nuevo ejecutivo avanza en la rendición de cuentas —con detenciones de figuras de la era Orbán y recuperación de activos—, pero enfrenta el reto de cumplir promesas sociales y gestionar una polarización que no ha desaparecido.
En Albania, las protestas juveniles, conocidas en parte como “Revolución Flamingo”, se iniciaron por proyectos turísticos en zonas protegidas y se ampliaron a demandas contra la corrupción, el costo de la educación y la falta de empleo.
El movimiento es horizontal y liderado por estudiantes. A diferencia de los dos anteriores, todavía no ha logrado una victoria electoral y se mantiene en la fase de presión callejera, con enfrentamientos y detenciones en octubre de 2026.
Los tres casos comparten rasgos claros: protagonismo juvenil, organización horizontal, centralidad de la demanda de rendición de cuentas y capacidad de modificar temporalmente la polarización. La diferencia principal está en la fase: Serbia ya gobernará, Hungría gobierna y Albania aún protesta.
Estas tensiones resultan familiares en América Latina. En México y en buena parte de la región, las juventudes forman un bloque demográfico importante, nativas digitales y cada vez más desconectadas de las lealtades partidistas.
Comparten agravios concretos: precariedad laboral, violencia, percepción de corrupción y la sensación de que incluso los partidos que prometieron transformación terminan reproduciendo lógicas de control.
El potencial existe. La cuestión es si puede traducirse en un desplazamiento real de las fuerzas tradicionales. Para lograrlo se necesitan varias condiciones: pasar de la protesta a la construcción institucional, superar la fragmentación interna, enfrentar el clientelismo y evitar la antipolítica pura.
En México el escenario es especialmente complejo. La polarización reciente ha reforzado identidades partidistas en algunos sectores y ha generado fatiga en otros.
Las juventudes pueden optar por candidaturas independientes o por ocupar espacios internos de partidos existentes, pero ninguna ruta garantiza un cambio rápido ni irreversible.
Si un movimiento juvenil llega al poder y no entrega resultados, el costo es alto. La decepción suele producir abstención, cinismo o apoyo a fuerzas que prometen orden a costa de derechos.
Los casos europeos muestran que la ventana de oportunidad tras una victoria es breve.
Las juventudes de México y Latinoamérica tienen un potencial real para cuestionar y, en ciertas condiciones, desplazar a los partidos tradicionales.
Los ejemplos de Serbia, Hungría y Albania demuestran que no es imposible. Pero el desplazamiento no es automático. Exige superar la antipolítica, construir capacidad de gobierno y gestionar las tensiones internas antes de que la decepción las convierta en fractura.
Derrotar a un sistema es solo el primer paso. El segundo —gobernar sin reproducir sus vicios— decide si el cambio generacional se consolida o se diluye.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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