*»EL JUEGO»*   

Cultura.

*Isrrael Sotillo*

Imagen redes sociales

Barinas,Venezuela, 27 de octubre del 2026

La Compañía Regional de Teatro del estado Barinas, adscrita a la Compañía Nacional de Teatro, núcleo que conduce Deivis Sotillo, ha puesto nuevamente en escena la pieza teatral «El Juego», de la escritora venezolana Mariela Romero, obra con la que la autora ganó el premio del Ministerio de Justicia para la nueva dramaturgia en 1976, el mismo año de su publicación, y en la que incluso llegó a actuar. La obra fue estrenada en Barinas en marzo de 2025, en el mismo Teatro Orlando Araujo, donde tuvo dos fines de semana de funciones recibiendo respuestas favorables del público llanero barinés.

La propuesta artística y la dirección de este clásico nacional de las tablas corre a cargo del joven director venezolano Deivis Sotillo. En el regreso de la obra al Teatro Orlando Araujo, el elenco ha sido remozado con dos prospectos actorales de la Compañía Regional, son ellas Krismar Camacho y Nakari Hidalgo.

El género y formato de ‘El Juego» está enmarcado en lo que se conoce como teatro intimista, que viene a ser una
representación escénica en la que se prioriza la cercanía física y emocional entre los actores y el público, reduciendo la distancia de los grandes escenarios para generar una conexión profunda, reflexiva y a menudo psicológica, donde generalmente se da también que los actores interactúan con los espectadores, aunque en este montaje de Sotillo no ocurre así.

Lo sociológico y lo psicológico ocupan los 70 minutos de «El Juego» entre dos mujeres Ana 1 y Ana 2, porque ambas son Ana, ya que se intercambian los roles en diálogos de párrafos cortos. Dominadora y Dominada juegan a ser Reina, Esclava, Dictadoras, quienes sacuden la apatía del público mediante imágenes crueles e impactantes que operan como un «vórtice» absorbente, ya que se generan situaciones, emociones o entornos que consumen la atención, la energía y recursos mentales del público espectador, como los pensamientos negativos, por ejemplo.

Logra «El Juego» sacudir los sentidos del espectador con gritos, alaridos y uno que otro efecto de sonido estridente que lo confrontan con sus miedos, anhelos y obsesiones más profundos. Hay pasos… ¡Ahí viene el hombre! y el terror se apodera de las dos Anas.

El libreto de Mariela Romero apela a un aforismo del vulgo que la actriz afirma con fuerza y como si estuviese filosofando: «Todas las putas son lesbianas, y yo no soy la exepción», dice Ana 1″, que en la obra no es más que una forma de juego seductor para justificar la inclinación sexual de Ana 1, y para liberar  por adelantado a Ana 2 de toda culpa, si la hubiere en ella, como consecuencia de la relación homosexual; es verdad ( aquí si va a filosofar quien suscribe este texto ) que existe una sapiencia popular que se condensa en refranes, en tradiciones, en ideas, que la masa del pueblo trae y lleva. Pero después de todo la filosofia no es eso. La filosofia, por el contrario, ha de reaccionar contra esa supuesta sabiduría popular. La
filosofia tiene que llevar a la dilucidación de sus problemas un
rigor metódico, que es incompatible con la excesiva facilidad
con que éstas concepciones de la sapiencia popular pasan de mente en mente y arraigan en la mayor parte de los espíritus.

*Lo absurdo y la crueldad*

En «El Juego» hay reflejos del teatro del absurdo postulado por Genet, en lo que tiene que ver con el juego de identidades, las ceremonias oscuras (espacio encerrado y dos mujeres solas jugando). «El Juego» reivindica al pueblo como sujeto histórico y se muestra la psicología de la opulencia cuando juegan a ser, una rica y otra mendiga (lucha de clases); crítican al comunismo y la figura del guerrillero como propios del idealismo. Recuérdese que la obra fue escrita en 1976 y para esa fecha aún en Venezuela quedaban residuos de la lucha armada. Sin temor a equívocos, se puede afirmar que es mucho mayor el peso del teatro de la crueldad de Antonin Artaud que busca ir más allá de las palabras para conectar con las emociones: despertar los nervios y el corazón».
Artaud dejó escrito, por cierto, que el texto y el diálogo no eran los únicos medios de comunicación. En cambio, él hacía hincapié en lo físico —expresiones, gestos, sonidos, luces— para realzar el texto e involucrar al público en la representación.

Artaud fue más allá, creyendo que la civilización había convertido a los seres humanos en criaturas enfermas y reprimidas , y que la verdadera función del teatro era liberar a la humanidad de estas represiones y desatar la energía instintiva de cada individuo. De este modo, creía que impactar los sentidos del público contribuía a liberarlo de sus represiones. Enfrentarse a lo grotesco podía liberar a una persona de las garras de la estricta influencia de la civilización.

*Sobre «El Juego» de Mariela Romero, ha dicho Isaac Chocrón:*

«El Juego“ …la violencia se atempera con el afecto que corre siempre por debajo y que cuando aflora, aparece turbadamente como broma, chiste o ingenio. Si las dos jóvenes impresionan al principio como monstruos, su relación la humaniza. “El Juego” no es un juego más, sino una manera precisa, aunque extraña, de poder vivir…”

«Dos mujeres, dos seres, dos criaturas inmersas con cuerpo y alma en la indigencia. Presionadas por una vida de miseria, donde el hambre acecha y los golpes acarician, no hay otra opción más que la convivencia. Un espacio las encierra, las tiene presas de su condición, obligándolas a luchar por sobrellevar la insoportable cotidianeidad. A sobrevivir mediante pactos. La premura por la llegada de un hombre amenazante y violento está allí para dar sentido a estas vidas que se integran en sus diferencias y se destruyen en el equilibrio».

Dice la crítica que «El Juego» es un espacio de encuentro, el corazón que las mantiene vivas. Un mundo en donde estos dos seres sin ningún rumbo aparente se juegan a sí mismas, juegan a vivir o para seguir viviendo.

*Homo sapiens… Homo faber… Homo ludens…*

Nos valemos de Johan Huizinga para comprender mucho mejor la obra «El Juego» de Mariela Romero:

Huizinga afirma que entre las calificaciones que suelen aplicarse al juego debe mencionarse la tensión. Este elemento desempeña un papel especialmente importante. Tensión quiere decir: incertidumbre,
azar. Es un tender hacia la resolución. Con un determinado
esfuerzo, algo tiene que salir bien. Este elemento se encuentra ya en el niño de pecho cuando trata de aprehender con
sus manitas, en un gatito cuando juega con un carrete, en una niña cuando lanza y recoge la pelota. Domina en los juegos de habilidad del individuo como rompecabezas, solitarios, tiro al blanco; y va ganando en importancia a medida que el juego cobra mayor carácter pugnaz. En el juego de dados y en las pugnas deportivas alcanza su máximo nivel.

Este elemento
de tensión presta a la actividad lúdica, que por sí misma está más allá del bien y del mal, cierto contenido ético. En esta tensión se ponen a prueba las facultades del jugador: su fuerza corporal, su resistencia, su inventiva, su arrojo, su aguante y también sus fuerzas espirituales, porque, en medio de su ardor para ganar el juego, tiene que mantenerse
dentro de las reglas, de los límites de lo permitido en él.
Estas cualidades de orden y tensión nos llevan a la consideración de las reglas de juego. Cada juego tiene sus reglas propias. Determinan lo que ha de valer dentro del mundo provisional que ha destacado. Las reglas de juego, de cada juego,
son obligatorias y no permiten duda alguna; Paul Valéry ha
dicho de pasada, y es una idea de hondo alcance, que frente a
las reglas de un juego no cabe ningún escepticismo. Porque
la base que la determina se da de manera inconmovible. En
cuanto se traspasan las reglas se deshace el mundo del juego.
Se acabó el juego. El silbato del árbitro deshace el encanto y
pone en marcha, por un momento, el mundo habitual.

El jugador que infringe las reglas de juego o se sustrae a ellas es un «aguafiestas» (Spielverderber: ‘estropeajuegos’).
El aguafiestas es cosa muy distinta que el jugador tramposo.
Éste hace como que juega y reconoce, por lo menos en apariencia, el círculo mágico del juego.

El juego es más viejo que la cultura; pues, por mucho que estrechemos el concepto de ésta, presupone siempre una sociedad humana, y los animales no han esperado a que el
hombre les enseñara a jugar. Con toda seguridad podemos decir que la civilización humana no ha añadido ninguna característica esencial al concepto del juego. Los animales juegan, lo mismo que los hombres. Todos los rasgos fundamentales del juego se hallan presentes en el de los animales. Basta
con ver jugar a unos perritos para percibir todos esos rasgos.
Parecen invitarse mutuamente con una especie de actitudes
y gestos ceremoniosos. Cumplen con la regla de que no hay que morder la oreja al compañero. Aparentan como si estuvieran terriblemente enfadados. Y, lo más importante, parecen gozar muchísimo con todo esto. Pues bien, este juego retozón de los perritos constituye una de las formas más
simples del juego entre animales. Existen grados más altos y más desarrollados: auténticas competiciones y bellas demostraciones ante espectadores.

*Crítica a la puesta en escena de la obra «El Juego»*

El montaje de Deivis Sotillo se ajusta a los estándares del buen teatro: se aprecia una combinación equilibrada de los elementos artísticos, humanos y técnicos que logran conectar al público con la represntación y le dan vida al conflicto humano.

La dirección escénica de Deivis Sotillo alcanzó una coordinación y armonización acertada del lenguaje del espectáculo en lo relativo a la actuación, espacio y tiempo , elementos que funcionaron como un todo coherente.
La escenografía, los objetos, el vestuario, la atmósfera, sonido… sin embargo, el ritmo de la obra se sintió atropellado, por lo menos el primer día. Las pausas y los silencios oportunos, bien utilizados, siempre darán un mejor sentido a los parlamentos actorales. Las inflecciones de voz mayoritariamente fueron ascendentes, y su abuso llega el momento en que cansan o aturden a los espectadores. Las actrices usan muy poco las inflecciones de detensión, que son las propias para explicar las ideas y hacerse entender mucho mejor. La línea tonal requiere, asimismo, de inflecciones de voz descendentes, bien claras, ya que el matiz vocal enriquece la comunicación con el público. Entiendo que las actrices son noveles y están aprendiendo el dificil arte de la actuación; por lo demás transmiten emociones reales con sus voces, gestos y cuerpo.

En esencia, más allá de la técnica, el buen teatro requiere verdad escénica: la capacidad de hacer que lo ficticio se sienta urgente, vivo y honesto frente a quienes miran, y «El Juego» interpretado por la Compañía Regional de Teatro del estado Barinas, cubre esas expectativas.

Los artículos de opinión y fotografías son responsabilidad exclusiva de sus autores. @UnidadParlamentariaEuropa
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