Los misterios religiosos bajo la mirada de Misterio Bufo, de Café Molière


Por Socoyote Lugo

Mucho antes de las siete de la noche del viernes 17 de abril numerosas personas esperaban se les permitiera su ingreso al Museo de Arte de Mazatlán para ver Misterio Bufo, obra teatral del italiano Dario Fo, Premio Nobel de Literatura 1997.
Diez minutos antes de la hora programada la gente se acomodó en el patio del Museo, frente al enorme camichín (Ficus pertusa o Ficus padifolia) cuyos brazos y follaje están impregnados de melodías y voces que a lo largo de muchos lustros ahí se han representado.
Los actores del grupo Café Molière, dirigidos por Manuel Rochín, salieron a escena con gran determinación –al ras del suelo y sobre una alfombra de hojas secas– y rápido conectaron con los más de cien espectadores.


Los “misterios religiosos” –obras de teatro que se utilizaban en la Edad Media para acercar y enseñar la fe católica– ahora estaban ahí, en el Centro Histórico de Mazatlán, pero en esta ocasión los que hablaban no eran los ángeles, santos o padres, sino los más pobres, el pueblo.
Por algo Misterio Bufo (1969), la célebre obra de Dario Fo, fue censurada en la Italia de los años 70 del siglo XX: el Vaticano y sectores conservadores la consideraron una obra “sacrílega” y perjudicial para la tradición religiosa.
Así que con giros cómicos y grotescos (de ahí lo “bufo”, de bufón, cómico o juglar) los espectadores vieron algo diferente mientras un airecillo suave acariciaba sus rostros: las historias bíblicas fueron narradas por un borracho, un loco, un ciego, un tullido… los jodidos, pues.
Las bodas de Caná, el primer milagro de Jesús, donde transforma el agua en vino, es contada por un borracho (Adrián Romero), que interrumpe al ángel (Manuel Rochín) para dar su propia versión de los hechos.


En un pasaje central de Misterio Bufo, un loco (Netzahualcóyotl Ceballos) desafía a la Muerte (Laura Ríos), una mujer pálida e intimidante; el loco la seduce y la distrae para evitar que se lleve a Jesús y a otros; es el ingenio contra el poder.

En otra escena, un ciego (Tonatiú Mendívil) y un tullido (Adrián Escobar) deciden aliarse: el invidente carga al lisiado, la unión permite a ambos superar sus limitaciones físicas; más adelante encuentran a Jesús quien los cura de forma milagrosa; uno queda agradecido y el otro se lamenta de haber perdido su manera de ganarse la vida. La sátira exhibe la hipocresía y las incongruencias humanas.
Por su parte, Manuel Rochín interpreta al Papa Bonifacio VIII como un personaje arrogante y corrupto, en contraposición con la pobreza y la sencillez de Cristo.


En la parte más intensa de la obra, María (Laura Ríos) muestra la Pasión desde la perspectiva dolorosa de una madre que desesperada recorre el camino al Calvario tratando de llegar a su hijo Jesús. En esta parte climática el público dejó de respirar, pues un silencio lleno de compasión acompañó los lamentos de María.
Sin duda, Misterio Bufo combina la crítica social con el humor para llevarnos a una reflexión. “Es que Dario Fo es mágico”, me señaló emocionado el director Manuel Rochín cuando tras bambalinas le dije que la gente había quedado impactada y muy emocionada.
Nota: Mención especial merece la actuación de la niña Margarita Ceballos, quien es la que anuncia al pueblo la llegada de María.
Los artículos de opinión son responsabilidad exclusiva de sus autores

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