HECHIZO


Por Francisco José Audije Pacheco

Dime, mujer de acero,
Cuya piel rosa y sedosa
Me envenena el alma:
¿Cuál secreto guarda
Tu belleza iluminada?

Luz al mirar de tus ojos,
Pardos cual los montes,
Y la estrella plata,
En aquel lucero
Fugaz y estelado,
De un lado al otro
Surcando el firmamento,
Universal de tus labios.

Dime, mujer fuerte,
De anchas caderas,
Hombros estrechos,
Generosas mamas,
Si tan solo uno
De tus magnos besos,
Manjar preciado…
De tus ojos el mirar
En mi dolido adentro
Cual poderoso trueno…
¿Es posible arrastre
Al hombre sediento
A tu guarida llena
De la magia del Cielo?.

Tu pócima bebí
De la copa de los sueños,
Y fui feliz mientras volamos
Hacia el alba de la aurora
En helados hemisferios.

Me diste probar
El néctar de ilusión,
Posesión de tus caderas,
Do las crías anidan,
El gozo se hace eterno,
Y Dios nos santifica
Los lascivos besos
De deseo llenos,
Indescriptible alegría.

No puedo creer
El macilento secreto
De una belleza lozana,
De tus pies a tu cabeza,
Donde curvas féminas
Nos trasladan recuerdos
Jóvenes, púberes,
Del platónico amor
Que, ido ya, para siempre,
Volver nunca quiso,
Perdido en la diáfana
Profundidad inmensa
Del Universo tuyo, mío,
Que nos pertenece
Indeleble, eternamente.


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