Reseña de una ceremonia cívica


Por: Atilio Alberto Peralta Merino

Ciudad de México, 6 de julio del 2022

La banda del alto mando de la Marina armada de México entonó lo mismo el himno del país anfitrión que el correspondiente al de la misión diplomática que conmemoraba el 211 aniversario del acta de independencia firmada en Caracas por el congreso constituyente de la denominada “primera república”. Al finalizar las intervenciones, por su parte, una orquesta juvenil formada claramente bajo la inspiración del maestro José Antonio Abreu por músicos de ambas nacionalidades, interpretaron la popularmente denominada “Marcha Húngara” o quinta sinfonía de Brahms y acompañaron posteriormente a tenor y soprano en formidable dueto que interpretaron el brindis de “Traviata” de Giuseppe Verdi, “México lindo y querido” y “Alma llanera”.

Tanto los mensajes de los representantes del canciller Marcelo Ebrard y de la jefa de gobierno de la capital del país, como las palabras de bienvenida del Comandante Francisco Javier Arias Cárdenas, fueron escuchadas con manifiesto interés, lo mismo por parte de los embajadores de países hispanohablantes asistentes que de los representantes de la comunidad Tzotzil procedente de Chiapas que asistieron a la ceremonia celebrada en la glorieta del Paseo de la Reforma en la que se erige el monumento ecuestre de Simón Bolívar.

Los kepis y los uniformes del personal diplomático de la Federación Rusa llamaba la atención por el claro, aun cuando discreto, aire de seguridad, triunfo y satisfacción que desplegaba; en tanto que algunos invitados abordaban a los asistentes que tenían en la ocasión la representación de la República Popular China. Digno de mención especial resultaría el discurso de Pedro Calzadilla , el orador principal que se abocó tanto a desentrañar las circunstancia históricas de la efeméride que se conmemoró este 5 de julio como de su significado proyectado a los momentos actuales.

En la colocación de la ofrenda floral ante la estatua de Bolívar, momento culminante de la ceremonia, me tomé el atrevimiento de intercambiar algunos breves comentarios con el actual presidente del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, en relación al discurso que previamente había pronunciado. La composición en triunvirato que en su momento conformó el poder ejecutivo según lo dispuesto por la Constitución de 1811, bien podría dar pie a una acuciosa investigación entre nosotros: a la caída del Imperio de Iturbide y previa a la entronización de la primera presidencia a cargo de Guadalupe Victoria bajo la vigencia de la Constitución del 4 de octubre de 1824, se estableció un triunvirato, que a mi muy modesto parecer habría tenido, precisamente como precedente legislativo, lo regulado al respecto por aquella disposición. Por lo demás, y reanudando la proyección de los sucesos históricos al acontecer de nuestros días, comentamos sobre la denominada “Constitución de Angostura de 1818, en la que se entronizó un poder electoral, al margen de los clásicos poder públicos descritos por Monestquieu en “El Espíritu de las Leyes”, precedente que exige un estudio a fondo en momentos en los que, entre nosotros, vuelve a surgir el debate por la organización y calificación de los procesos electorales.

Ante una pregunta del doctor Calzadilla, narré que había adquirido la obra citada por Miguel de Unamuno en su estudio sobre Bolívar, “La Historia Constitucional de Venezuela” de José Gil Fortul, con los “libreros de viejo” más renombrados de Caracas, los “Hermanos Castellanos” previo a ser asaltado, para en el colmo de las ironías de la vida, encontrarla editada en México, en una vieja impresión que corrió a cargo de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La ceremonia de este pasado 5 de julio resultó, por lo demás a todas luces, significativa en lo político y cargada de riqueza conceptual en una materia que he tenido el gusto de cultivar permitiéndome intercambiar algunas breves palabras con don Pedro Calzadilla, y a su vez, de enorme agrado ya que me permitió saludar personalmente al comandante Francisco Arias Cárdenas, a su esposa Margarita y a otros buenos amigos.

albertoperalta1963@gmail.com

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